A partir de ahora voy a dejar de pensar en lo que piensan. Porque llevo mucho tiempo pensando en lo que piensan y me olvido de pensar en lo que pienso. Y así es como si sólo quisiera a los demás y me quisiera a mí muy poquito, con lo que sobra.
A partir de ahora voy a centrarme en lo importante. Voy a olvidarme un poco de tener a los demás contentos, de encajar. Y voy a darle más importancia a que me tengan a mí contenta, a que encajen conmigo.
Voy a dejar el vicio de preocuparme por la impresión que doy y voy a caer en otros vicios más sanos: preocuparme por la impresión que me dan a mí los demás.
Voy a ser más sólido y menos agua, que lo de adaptarse es necesario pero hay recipientes que no lo merecen. Y voy a ser también más recipiente. Y voy a decir que no a esas personas que sólo saben ser recipientes y viven a base de agua.
Así que, un ratito al día, voy a dejar a un lado lo que los demás sienten, lo que quieren, para darme cuenta de verdad de lo que siento y quiero. Porque llevo mucho tiempo pensando en lo que piensan y me olvido de pensar en lo que pienso.