martes, 16 de septiembre de 2014

Gentes.

Me encanta esa gente que transmite felicidad, que te llena con su energía, que te hace querer ser mejor sólo con existir. Y, sin duda, lo consiguen por el mero hecho de que ésa es su forma de ser, su filosofía de vida. Ése es el tipo de personas que quiero a mi alrededor. Para evitar problemas innecesarios, para no contagiarme de la falta de ganas, de la falta de ilusión, de la actitud negativa, de la gente triste. Para no ir a lo fácil, para apostar por cosas que parecen imposibles, para no conformarme con lo suficiente. Porque lo suficiente deja de serlo cuando ves que quien se esfuerza en conseguir lo que quiere, lejos o cerca de conseguirlo, es feliz poniéndole empeño. Porque lo suficiente pocas veces es bastante. Porque la felicidad reside en la actitud, en la sencillez, en la fuerza de voluntad; y eso es lo que diferencia a las personas que merecen la pena de las personas contaminantes. Porque las personas que quiero en mi vida son aquellas que cuando tienen un problema, deciden afrontarlo y solucionarlo; que cuando ven el éxito ajeno, se alegran, que cuando te miran, sonríen. Que son su actitud, no sus problemas. Que, en definitiva, no es tener; ES SER.

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