Me encanta esa gente que transmite
felicidad, que te llena con su energía, que te hace querer ser mejor sólo con
existir. Y, sin duda, lo consiguen por el mero hecho de que ésa es su forma de
ser, su filosofía de vida. Ése es el tipo de personas que quiero a mi
alrededor. Para evitar problemas innecesarios, para no contagiarme de la falta
de ganas, de la falta de ilusión, de la actitud negativa, de la gente triste.
Para no ir a lo fácil, para apostar por cosas que parecen imposibles, para no
conformarme con lo suficiente. Porque lo suficiente deja de serlo cuando ves
que quien se esfuerza en conseguir lo que quiere, lejos o cerca de conseguirlo,
es feliz poniéndole empeño. Porque lo suficiente pocas veces es bastante.
Porque la felicidad reside en la actitud, en la sencillez, en la fuerza de
voluntad; y eso es lo que diferencia a las personas que merecen la pena de las
personas contaminantes. Porque las personas que quiero en mi vida son aquellas
que cuando tienen un problema, deciden afrontarlo y solucionarlo; que cuando
ven el éxito ajeno, se alegran, que cuando te miran, sonríen. Que son su
actitud, no sus problemas. Que, en definitiva, no es tener; ES SER.
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