Revíveme. Respírame. Hazme sentir que estoy viva. Demuéstrame que no soy sólo materia en descomposición. Quiéreme, hazme daño, ódiame, pero permanece. Quédate ahí. Acompáñame. Déjame que tiemble, pero nunca de frío. Mírame cuando lo necesites y sonríeme. Sonríeme siempre. Camina conmigo, pero no de la mano, que me gusta sentir tu calor en los abrazos. Por eso abrázame. Abrázame cuando ría, cuando llore, cuando sufra. Cuando calle. Cuando hable bésame.
Pero, aunque me prometas que estarás, no hagas nunca que me lo crea. Hazme saber que te irás, que un día dejarás de buscarme, y dejaré de encontrarte. Déjame siempre con las ganas, que no quiero aborrecerte. Porque también puedo cansarme de esa cara, de tu mirada, de tus labios. Déjame buscarlos siempre con ganas. No caigas en la costumbre, y así no caeremos en la rutina. Y nunca nos tomes como un plural. Siempre seremos dos.
Pero no me escuches ahora, y quédate esta noche. Que hay mucho por hacer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario